viernes, 1 de agosto de 2014

Buffet libre

Será cosa del verano, el calor, la poca ropa que se lleva en casa, la fácil accesibilidad...

Estoy tumbada en el sofá, al lado del ventilador, derritiéndome y viendo cómo mi pequeño sube y baja por los sillones, rompe las revistas, tira las pinturas por el suelo y se va estampando con su correpasillos a toda velocidad mientras se parte de la risa. Me agoto sólo con verle (y pensar que luego me toca recoger) a la vez que envidio sus energías. Mejor cerrar los ojos.

Abro los ojos y de repente aquí está él, se planta delante de mí y me mira con esa sonrisa llena de dientes, me estira del sujetador y dice con esa vocecilla tiernita suya "te-ta", pero ¡oh vaya! se acaba de dar cuenta que desde el suelo llega y ¡zasca! se engancha, ¡qué sencillo ha sido!.

¡ñam!
Acceso directo a la teta, self service, buffet libre. Ahora ya no tengo el control total. Miedito me da, estaremos en la calle, le sentaré en mi regazo y ¡zas! horror, la teta fuera, ¡viva la lactancia!.

¿Ésto es la lactancia con bebés grandecitos?, ¿se puede controlar, verdad? 
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