viernes, 5 de junio de 2015

¡Hemos visto ponis!

Últimamente estamos que no paramos, cómo se nota que ha llegado el buen tiempo y que apetece salir más y vivir experiencias nuevas.

En esta ocasión ha sido una excursión organizada por la guardería de Víctor a la Escuela de Equitación San Jorge, ¡imaginaros qué aventura para niños de menos de 3 años!.
Los días previos a la excursión los peques estuvieron "trabajando" los animales en la guarde. Pintaban y pegaban pegatinas a vacas, ovejas, cerdos, caballos..., practicaban los sonidos que hacían y cantaban canciones infantiles de animales.

Para la excursión podíamos ir los papis y yo me apunté con Víctor, no quería perderme esta experiencia y de paso también quería ver ponis.
¡El primer poni que vimos!.
Fuimos desde la guardería en autobús hasta la escuela de equitación, el viaje no era muy largo. Una vez ahí lo primero que hicimos fue entrar en las caballerizas, ahí vimos algunos caballos que impresionaron a Víctor, tanto es así que tuvo miedo y nos tuvimos que salir de ahí... y es que verles tan grandes y tan cerca (hasta los podíamos tocar) era algo para lo que no estaba preparado. Luego cuando se le pasó el susto inicial volvimos a entrar, pero esta vez sin acercarnos a los caballos y pudimos ver la sala donde guardan las sillas de montar y demás útiles.
Haciendo el trenecito para no perdernos.
Después de ese primer contacto nos llevaron a ver los ponis y los peques pudieron montar en ellos y dar paseos. Víctor no se atrevió a montar y yo no le quise obligar (ya sabéis mi opinión al respecto).
Después de almorzar pudimos montar en carruajes tirados por caballos, ahí sí me pude subir con Víctor y se lo pasó genial, con el traqueteo y su mami al lado iba muy feliz. Luego tuvo la oportunidad de dar otro paseo, pero como yo no iba con él ya no le hizo tanta gracia y prefirió bajar.

Finalmente los peques pasearon por el campo viendo como comían los caballos y volvieron a ver a los ponis. Esta vez Víctor se atrevió a acercarse a uno, Johnny, y le pudo cepillar... cogió un cepillo, otro, luego otro... probó todos los cepillos varias veces y el poni se dejó hacer sin rechistar.
Víctor peinando a Johnny.
Se hizo la hora de comer y Víctor seguía con los cepillos, después de cepillar al poni quiso ordenarlos todos y le tuve que decir que nos quedábamos sin comida porque de ahí no quería salir. Bocata, agüita, jugar un rato y de vuelva al autobús. No tardó ni cinco minutos en quedarse frito (como el resto de los peques).
No puede falta un tobogán en la zona de juegos, ¡qué divertido!.
Una experiencia maravillosa que tardará en olvidar.
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2 comentarios:

  1. Lo cierto es que sí, una experiencia maravillosa como bien dices. Víctor debe estar deseando volver. Quizás la próxima vez monte en el poni, yo también opino que si no quieren, no hay que obligarles, es mejor así, que ellos decidan si quieren o no.

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    Respuestas
    1. Todos los días me habla de la excursión, y no sólo le llamó la atención los caballos, la experiencia de ir en bus también le ha encantado, jeje. Un beso.

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