jueves, 22 de enero de 2015

Las revisiones médicas, espectáculo garantizado.

Ha sido complicado desde que nació, cada vez que vamos al médico es una experiencia extrema, más aún cuando toca revisiones: además son cada pocos meses, ésta última que hemos tenido ha sido la de los 2 años.

Cuando toca revisión siempre voy mentalizando a Víctor antes de ir "Hoy vamos a ir al médico, te voy a desnudar, te subirás a la camilla, te medirá y luego subirás a una báscula y te pesará", esto se lo digo una y otra vez, incluyendo la parte de los pinchazos cuando toca. En la revisión de los 2 años no hay vacunas así que una cosa menos por la que sufrir.
Hemos tenido la mala suerte de que casi en cada revisión le ha tocado un especialista distinto, a veces las revisiones son con la enfermera, otras con el pediatra, a veces no está el titular y nos toca un sustituto, a esto le añadimos que nos cambiaron el pediatra hace unos meses... y más tarde con la mudanza hemos tenido que cambiar de centro de salud, así que a casi todos les pilla de nuevas la reacción a las revisiones de mi hijo.

Nada más entrar ya se empieza a poner tenso, yo ya voy medio advirtiendo de que se pone "nervioso" con la gente que no conoce, para que no se asusten de su reacción, aunque siempre esperando que esta vez sea distinto.

Así fue la revisión de los 2 años:
Lo primero que me dice la enfermera es que le ponga en la camilla y le vaya desnudando, en previsión a lo que va a pasar yo me siento en la silla y a él le siento encima de mí y mientras con mucha calma le explico lo que va a suceder, le voy quitando la ropa. Una vez desnudo le llevo en brazos a la camilla y ahí empieza el espectáculo.

No me dejó sentarle en la camilla, ni mucho menos tumbarle ahí, de hecho es que no se despegó de mí, me agarraba con brazos y piernas, llorando a todo volumen y con cara de terror cuando se acercaba la enfermera a separarle de mí viendo que yo sola no lo conseguía. Por supuesto tampoco ella pudo separarle de mí, así que nada de medirle. Intenté convencer a Víctor para medirle de pie, el encima de la camilla y yo sujetándole sin separarme de él, nada, se agarraba a mí como un koala. Le intentamos tranquilizar ofreciéndole pegatinas, que le encantan... y con eso se tranquilizó un poco, pero en cuanto hice el amago de acercarle a la camilla se volvió a agarrar a mí con todas sus fuerzas mientras le caían las lágrimas y chillaba.

En esa postura le miró como pudo cómo le bajaba el prepucio ¡pero qué manía!, en todas las revisiones igual, no sólo se lo miran sino que insisten en que se lo bajemos en casa cada vez que le bañamos, ¡pues va a ser que no!. Ni lo hemos hecho, ni lo haremos, somos de la opinión de que La cola no se toca.
Después de esto pasamos a la báscula, por supuesto tampoco se dejó sentar ahí, le comenté a la enfermera cómo lo habíamos pesado en otras ocasiones, primero le cojo en brazos y me peso con él y luego me peso sin él... pues así lo hicimos, no es el mejor método, pero es el único con el que conseguimos pesarle, aunque también me costó el momento de dejarle para pesarme yo sola.

Una vez pesado ya le pude vestir y ahí se empezó a tranquilizar, así pude contestar a las preguntas de que si come sólidos "Desde los 6 meses", que si come variado "Muy variado, aunque tiene sus preferencias y gustos", que si le gusta pintar y sabe agarrar los lapiceros "Le encanta pintar, es un artista", que si habla y dice alguna frase, eso lo pudo comprobar ella cuando Víctor chillaba "No me quiero tumbaaaaaaaaar!!!!!!!!!", que qué tal hace las caquitas "Muy bien, gracias", qué tal duerme "Pegadito a su mamá y con "algún que otro despertar" (sin detallar mucho porque igual nos internan en un manicomio)", ¿anda bien?, ¿corre? "Ay, sí, y no se cansa nunca".

En resumen más sano que una manzana, pequeñín, pero siguiendo la curva que tenía, al menos de peso, que de altura "No sabe/No contesta".

Ya contento, porque sabía que la enfermera no le iba a tocar más, hasta le dedico alguna de sus sonrisas y después de salir aún hizo el amago de volver a entrar y cuando le pregunté si se iba a dejar pesar ya cambió de cara y se alejó de la puerta corriendo.

La enfermera sugirió de pasarnos otro día para volver a intentar medirle, probaremos a que vaya Víctor con su padre a ver si con él se comporta de otra manera... pero si no quiere no le vamos a hacer pasar otra vez un mal rato. Si está sano para qué marearle más. Sí, es pequeñin, pero tampoco sus padres somos muy altos, así que...

¿Cómo son las revisiones de vuestros peques?
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13 comentarios:

  1. Y a mí que nunca me ha pasado esto!!! sólo han llorado alguna que otra vez cuando tocaba vacuna. Qué mal se debe pasar!!! Feliz día

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    1. Ay maja, pues así son todas sus revisiones, realmente lo que menos le afecta son las vacunas, le pinchan, llora 2 minutos y se le pasa. Lo que peor lleva es que un desconocido se le acerque o le toque. No sé quién lo pasa peor, si él o yo.

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  2. Buf, las nuestras cada vez se parecen más a las tuyas. La última fue la de los 12 meses y lo de ponerlo en la báscula no le mola nada, de medirlo, todavía se deja pero la enfermera tiene que hacerlo rápido que si no…
    Nosotros ante el interrogatorio del final hemos optado por las respuestas monosilábicas que no inviten a preguntar más porque si no, la visita se nos alarga más de la cuenta y no es plan

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    1. Lo de los monosilábicos me parece una buena opción, jeje. Lo mejor es no explicar mucho a no ser que haya comportamientos extraños o notes algo que te preocupe de su desarrollo. Mucho ánimo con las próximas revisiones :)

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  3. Curiosamente mi hijo es ejemplar en las revisiones. Puede llorar un poco, pero aguanta mediciones, pesos y agujas como un campeón, aunque veo que pone cara de dolor. Es muy duro. Pero mi hija... esa es la hija del Tierno, madre míaaaa qué drama!!!! Así que... sé de qué hablas ;)
    Besotes al chicarrón y otro muy grande para tí!

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    1. Yo creo que los pediatras y enfermeras tienen que estar acostumbrados, al fin y al cabo son bebés, no pueden pretender calma y serenidad aunque haya casos como tu peque que lo lleven mejor que otros, pero yo creo que la mayor parte de las revisiones acaban siendo un drama en mayor o menor medida. A mí tampoco me hace gracia que me toque un desconocido, pues imagínate para ellos que encima no entienden por qué han de ir ahí. Muchos besos para ti y los tuyos ;)

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  4. No sabes el peso que me quitas de encima! Princess es igual y ya estaba pensando dónde preguntar porque es sentarla en camilla y tranformarse en superguerrera que llora, chilla, patalea, se pone roja y no hay manera. Y cuando vamos a urgencias igual. Yo ya no sé què hacer. Pero me deja mucho más tranquila saber que no es la única, jejeje. Un beso guapa

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    1. Al menos en la revisiones no están malos, pero cuando hay que ir al pediatra o a urgencias porque realmente lo necesitan... ufff, ahí les tienen que mirar sí o sí, pobres. Un beso.

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  5. Vikingo suele portarse muy bien, adora a su pediatra (yo también es encantador) cuando vamos a la consulta se lanza a sus brazos como un loco. Eso sí, en la última revisión del soplo en el corazón la pobre Cardióloga me tuvo que dar cita para dentro de un año porque el peque se puso en modo berrinche y ni con 4 personas éramos capaces de conseguir que se estuviese quieto. La pobre muchacha que es majísima y lo lleva desde que nació no paraba de decirle "pero si soy tu amiga". Un abrazo y ánimo con las próximas revisiones.

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    1. ¡Qué suerte con el pediatra de tu peque!, yo lo que he notado hasta ahora es que cuando le ha tocado pediatra hombre lo lleva mejor que cuando le toca mujer... no sé si será casualidad, o es que los hombres le imponen más y por eso está más tranquilo... seguiré observando, porque ya digo, cada revisión le toca con alguien distinto. Un besazo.

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  6. Estas contando mi historia con mi hijo y el pediatra? Es exactamente igual como me sucedió a mi. El doctor enojado después de los griteríos y no poder medir nada, me dice:"vuelva cuando su hijo aprenda a sociabilizar! Y deje de tenerlo tan consentido!"

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    1. A mi me dice eso y lo mando a ************
      Si te sirve a mi me que me ha pasado lo mismo me dijo la enfermera substituta "si con 15 meses no eres capaz de controlarla...." Menos mal q no tengo que volver a verla!

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    2. Con 15 meses (o 24 o los que sean) es un BEBÉ, no le puede exigir nada a él y menos echárselo en cara a los padres. En cambio los enfermeros y pediatras son ADULTOS y deberían ser más comprensivos, respetuosos y educados, que ya son mayorcitos.

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